Si este temor incierto
de la costumbre indómita se agrava,
¿qué quedará del tiempo
entre sorpresas necias y estropeadas?
A mí lo que me pasa
es que el señero extremo de tus ojos
me ha dispersado a golpes la distancia:
¿será que sí me miras
o que imagino todo, alborozado?
Me digo mientras tanto
que en el rincón estoico de mi engaño
quizá habitares y crecieres
para el placer espurio de mi mente.
Es que esta izquierda impronta
calando está entre mis neuronas
—donde mejor te alojas y pervives—
acelerando el pulso de mi empeño.
¿Es este hallazgo inquieto
la remisión sensata de mis males?
Porque si tú me miras,
si entre los labios portas mi sustancia,
¿cómo escapar si un día
entre las manos tierna mi añoranza
sujetas solazada?
Y es que un suspiro tuyo,
apenas un respiro acompasado,
podrá verterme en las arenas
del estruendoso mar de tus palabras.
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