No es un vacío común
de tiempo todo acumulado:
es un espasmo, un continente,
litúrgico y sagaz, desdibujado;
 
es un pedazo apenas
de un mísero momento anestesiado,
un instante detrás de una tormenta,
un huracán delante de una vela.
 
Y es todo y nada al mismo tiempo
en contingente abrazo transformado:
es el dolor punzante y quebradizo,
es un temor ingente, reposado.
 
No es un vacío común
este que habito en medio de la nada,
porque no es más que un cuerpo, una mirada,
una feroz sentencia, un recoveco.
 
Una hondonada,
un valle más sanguíneo que incorrecto:
así es el Todo en el que existo
como un espacio estéril y contrito.
 
No es el vacío común
este sendero eterno y derruido,
es más un resto, una memoria,
una coraza escéptica y espuria.
 
En este modo, en este sitio,
mi corazón palpita a contramarcha
y sin compás, atormentado,
te reconoce apenas oscurece.
 
No es el vacío común, la espera,
de un tiempo imaginado pero incierto:
es un remedo austero
este camino roto e infinito.
 
Y esta metáfora se extiende
y lo que es vacío no lo contiene
como yo no contengo
mi propia e impertérrita sustancia.
 
Y una palabra, un logos,
un algo visceral, un testaferro,
me ha poseído para siempre y nunca:
almeja de coral domesticada. 

Share this content: